3ª Jornada Técnica – “Trabajo vs. Exclusión extrema en tiempos difíciles. Desafíos y propuestas.”
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Desde que en el año 2009 elaboramos el documento de 10 propuestas para una estrategia de erradicación del sinhogarismo (Decálogo), la situación económica y social ha ido cambiando. Nos enfrentamos a una profunda crisis económica que se prevé larga y que está teniendo graves consecuencias sociales sobre muchas personas.

El contexto actual nos obliga a cambiar la perspectiva de la atención y la orienta hacia lo asistencial. Asistimos la pérdida de derechos, el aumento de las dificultades de acceso a la vivienda, a la sanidad y al empleo…

Parece claro que en este momento y en la mitad del camino de la Campaña Europea de Feantsa (2010-2015) planteado en la temporalización de nuestro Decálogo, quizás sea oportuno hacer una parada y ver qué nueva lectura le damos a nuestras propuestas.

El empleo es un factor determinante de pobreza y exclusión social y la flexibilización de los mercados de trabajo ha provocado reducir la calidad y aumentar de nuevo la desigualdad. El empleo ha perdido su papel asegurador de bienestar y las personas que trabajan tienen, hoy, un mayor riesgo de exclusión y pobreza.

Una de cada cuatro personas (25,4 %) en riesgo de pobreza y exclusión trabajan. Por otra parte, el porcentaje de población ocupada en riesgo de pobreza y exclusión social ha pasado del 13 % en 2008 al 15, 7% en 2010, es decir tres puntos porcentuales en dos años.

El número de personas en paro sin prestaciones por desempleo ha aumentado, de forma sustancial a lo largo de la crisis. Sí, a finales del año 2011, aproximadamente sólo una cuarta parte de los 5,3 millones de personas en desempleo existentes según la EPA, recibe la prestación contributiva por desempleo y algo más de otra cuarta parte recibe algún otro tipo de prestación asistencial o la renta activa de inserción. Es decir cerca de 2,4 millones no reciben ninguna prestación del sistema de protección por desempleo, sobreviviendo por tanto de rentas mínimas de inserción, ayudas de familiares u otras fuentes indeterminadas de ingresos….

A medida que avanza la crisis, el colectivo de personas que no disponen de medios económicos para atender las necesidades esenciales es cada vez mayor. Mantener la cohesión social y evitar que las personas que sufren situaciones de extrema necesidad avancen hacia posiciones de difícil retorno en el proceso de exclusión social, exige asegurar de manera ágil y eficaz un nivel de subsistencia básica mientras se prepara su reinserción laboral.

Empleo, sí, pero no solo el empleo. Para las Personas Sin Hogar que no están preparadas para encontrar un empleo se debe garantizar una Renta Mínima adecuada que cubra las necesidades fundamentales, incluido un alojamiento digno. Numerosas personas sin hogar entran en el mercado laboral a través de contratos a tiempo parcial y a corto plazo. Sería interesante pensar en los beneficios que puede suponer el mantener la RMI durante un periodo inicial después de la colocación profesional, así como la facilidad para recuperarla al finalizar el contrato o las prestaciones.

Esto nos debe hacer pensar sobre si ¿influye o no la gestión de la RMI en las resistencias a suspender la prestación para acceder a un empleo temporal? Se complementa la RMI con trabajos en economía sumergida renunciado a los derechos que les ofrece un empleo.

Nos preocupa que en los recursos de empleo, donde se incentivan económicamente las inserciones laborales y el mantenimiento de empleos durante un periodo mínimo de tiempo, pueda tener como consecuencia que determinadas personas “menos empleables” no sean atendidas.

Es importante caminar hacia recursos para toda la población que incorporen a personas heterogéneas y con necesidades y competencias diferentes aplicando metodologías más innovadoras, aprovechando la riqueza que supone compartir en la diferencia, las oportunidades de retroalimentación y modelaje que se abren a las personas con mayores dificultades.

Es necesario abrir nuevos nichos laborales en Madrid para las personas sin hogar: clave en este aspecto es el compromiso empresarial y la incorporación de cláusulas sociales en la contratación de la administración pública.

Es necesario potenciar las empresas de inserción que en la actualidad es un modelo validado para la incorporación de las personas en situación de exclusión.

En la Jornada técnica que proponemos, comenzaremos con un abordaje general de la situación actual y contexto social en relación con la exclusión y su avance, que nos permita en un segundo momento a debatir y trabajar sobre la realidad y sobre las experiencias relacionadas con la ocupación y el empleo para las personas sin hogar en muy diferentes dimensiones.

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