El sinhogarismo, en sentido amplio, es un complejo proceso de situaciones de exclusión residencial que van más allá de la vida en la calle o en los centros de atención. En el caso de las mujeres, éste también se extiende a través de otras formas menos visibles de exclusión residencial que definen experiencias y trayectorias vitales diferentes a los hombres. Por ejemplo, la cohabitación forzosa con familiares y amistades; la residencia en infraviviendas y viviendas inseguras; o el acceso a la vivienda a través de la ocupación por necesidad, como sucede con muchas trabajadoras del hogar internas.  

 Invisibilizadas, pero presentes

El estereotipo social asociado al sinhogarismo sigue siendo masculino. Esto, en gran medida, por la mirada sesgada con la que se ha abordado el fenómeno, dada la masculinización de la comprensión de la calle como espacio público y la naturalización de situaciones indignas de las mujeres en los espacios privados como parte del mandato del género. Un efecto de este sesgo de género es la invisibilización estadística de las mujeres en el sinhogarismo, que a su vez se traduce en el diseño de recursos y servicios que no responden a sus necesidades. Dado esto, es vital reconocer, por ejemplo, que el 37.9% de las mujeres en exclusión residencial dicen vivir en viviendas insalubres y que el 45% no pueden mantener la vivienda a una temperatura adecuada, frente al 28.3% y el 29.5% de los hombres, respectivamente (FACIAM, 2022a).  

 Historias diversas transformadas en desigualdades

La mayoría de las mujeres que atienden las entidades de FACIAM son de origen extranjero (casi el 70%) y entre ellas una buena parte provienen de países latinoamericanos (50.4%) (FACIAM, 2023). Este origen se transforma en fuente de desigualdades cuando a la exclusión residencial se suman dificultades para empadronarse, para acceder a un empleo formal y decente, para regularizar su situación administrativa. Así las cosas, el 49% de las mujeres que vienen de un país latinoamericano deja de comer alguna vez en el día, siendo esta una carencia compartida por el 37.5% de las mujeres jóvenes (FACIAM, 2022a). Igualmente, es importante reconocer que 1 de cada 3 jóvenes sin hogar es mujer (FACIAM, 2022b) y que alrededor del 50% de las personas trans ha enfrentado el sinhogarismo en algún momento de su vida (FELGBTI+, 2023).  

 Un contexto que aumenta el riesgo de exclusión residencial para las mujeres

 En nuestro país, 1 de cada 3 hogares se encuentra en exclusión residencial y en el caso de los hogares pobres esta exclusión alcanza al 74% de la población (Provivienda, 2023). Esto es especialmente relevante para las mujeres, ya que aproximadamente 1 de cada 4 se encuentran en riesgo de pobreza y/o de exclusión social (EAPN, 2024). Según el INE, además, las mujeres siguen teniendo tasas de paro más altas que los hombres en todos los rangos de edad, una renta media más baja y una mayor carga en el cuidado de hijas e hijos, así como en las labores domésticas, que reduce sus posibilidades de crecimiento laboral. En este contexto, no es de extrañar que las mujeres tengan más dificultades que los hombres para afrontar los gastos vinculados a la vivienda (el 45% de ellas frente al 31.8% de ellos); ni que estén en mayor riesgo de perderla (el 33.7% de ellas frente al 26.2% de ellos) (FACIAM, 2022a).  

 Derechos, desde una perspectiva integral e interseccional

 Proteger el derecho de las mujeres a una vivienda adecuada y digna es vital. Pero no es suficiente. Una mirada interseccional del sinhogarismo permite poner de relieve el vínculo que existe entre la exclusión residencial de las mujeres y las desigualdades estructurales basadas en el género. Por ello, atender el sinhogarismo de las mujeres pasa por atender la dependencia afectiva y económica que en varias ocasiones las atraviesa; la feminización del trabajo de cuidados y su sobrerrepresentación en los empleos precarios; o las violencias de género. Se trata, en consecuencia, de movilizar la protección integral de derechos de las mujeres para enfrentar su exclusión residencial de forma estructural. 

 El poder de cada mujer y de todas las mujeres

Nos unimos al llamado de las Naciones Unidas de invertir en las mujeres para acelerar el progreso. Pero lo hacemos reconociendo y poniendo en valor su capacidad de incidir y promover cambios. Es necesario adecuar los recursos y servicios a las necesidades de las mujeres, pero no sin ellas. Es necesario ampliar el conocimiento de las realidades que viven, pero no sin ellas. Es necesario visibilizar y reconocer la exclusión residencial que las afecta, pero no sin ellas. Necesitamos una mirada de género para erradicar el sinhogarismo a la vez que posicionar el poder de las mujeres sin hogar en la agenda pública. Por ello, las movilizaciones y reivindicaciones de este 8M son también con ellas y por ellas. 

 

Fuentes consultadas: 

 

FACIAM (2022a). “Mujeres y sinhogarismo”. Serie Más allá de la vivienda. 1_informeMujeres-WEB-v04.pdf (faciam.org)  

FACIAM (2022b). “Jóvenes y sinhogarismo”. Serie Más allá de la vivienda. 1_informeJóvenes-WEB-v8-1.pdf (faciam.org)  

FACIAM (2023). “Migración y sinhogarismo”. Serie Más allá de la vivienda. 5_informeMigracion-WEB.pdf (faciam.org)  

FELGTBI+ (2023). El estado de la pobreza 2024. I Informe Estado socioeconomico final 28-11-23 (felgtbi.org) 

INE. Análisis sociales. INEbase/ Sociedad / Análisis sociales 

Provivienda (2023). Prevención y atención de la exclusión residencial. Factores explicativos. prevencion-y-atencion-de-la-exclusion-residencial.pdf (provivienda.org) 

 

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