Un cuarto propio

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Llego a CEDIA mujer la noche de la víspera del 8 de marzo. La primera persona que encuentro es Eva, muy joven, con mirada  luminosa y resuelta, anda con los preparativos de la cena. No tardo en darme cuenta que le encanta su trabajo. Las mujeres están a punto de llegar. Me enseña el espacio, los dormitorios, el salón, el office, me explica que lo que más le  gusta es cómo se acoge a la persona, la cercanía, la calidez. El salón, que pudiera ser el salón de casa, ahora vacío, estará lleno  en unos minutos.

A las 9 llega un grupo de mujeres, vienen juntas y cuando entran , entran también las sonrisas, la animación, la vida. Conozco a Juana, quien conversará conmigo en unos instantes. Sin quitarse el abrigo, nos dice: “Ha sido un día duro” Parece la madre del grupo y nos habla de las mujeres como quien habla de sus hijas, señala con sus dedos el recorrido de las lágrimas para que adivinemos que ha tenido que esforzarse por recomponer esta tarde a sus compañeras..

¿Qué haces aquí Juana? le digo. “Pues mira, la vida da muchas vueltas, lo tienes todo y de repente no tienes nada” y con la sabiduría de sus 61 años me cuenta cómo era de niña, su rebeldía ante lo que veía, la pasividad de su madre, la tiranía de su padre…No quiso ser madre, no quería reproducir lo que vivió y fue construyendo su propio camino. Una lección de feminismo a la que asisto yo sola. Qué desperdicio…Y ellas,¿ porque están aquí?  Pregunto. Son mujeres que han dejado a sus familias, me dice, han dejado a sus hijos para venir a este país a conseguir dinero para ellos, y les ha ido mal. Esto también es violencia. Violencia social. La paradoja, dejar a los tuyos para cuidar a otros.

Veo al grupo de mujeres que ha entrado, cómo se organizan, se preparan para la cena, sus risas, sus charlas, veo la conexión entre ellas, el cuerpo que entre ellas construyen. Pérú, Honduras, Marruecos, Venezuela, culturas, países, religiones, alguna ni habla el idioma. ¿Pero, cómo conseguís crear esta conexión, esta complicidad? ¡Sómos mujeres¡ La  respuesta es tan obvia, que no se cómo se me ha ocurrido hacer esta  pregunta. 2ª lección de feminismo: Hay “código”, me dice Karina,..qué buena definición pienso, el código de las mujeres, por encima de cualquier barrera. Ellas saben. Ellas saben como sostenerse unas a otras. En efecto, llevamos ese código. Yo no lo podría haber descrito mejor.

Me cuentan que hay que mantener el ánimo cuando decaen, mantenerse unas a otras, cuando alguna quiere tirar la toalla. Hay que seguir, no podemos abandonar. La vida es lucha, siempre. Luchadoras.

500 libras al año y un cuarto propio” era lo que en palabras de  Virgina Woolf, necesitaban las mujeres para escribir. Independencia económica, el espacio y al tiempo es lo que necesitamos para vivir. Un cuarto propio; un tiempo y un espacio de reencuentro, de descanso, de creatividad, de reflexión o de ocio, para recomponernos y poder seguir.

La  violencia machista,  la precariedad laboral, los procesos migratorios llevan, cada vez más, a la calle a muchas mujeres. Desde el comienzo de este 2019 contamos en la Red FACIAM con este recurso específico para mujeres. CEDIA24h, de Cáritas Madrid que registraba ya un índice del  33% de mujeres, abre este espacio. Recurso de emergencia, que ofrece a las mujeres un espacio propio,  donde sentirse seguras y en  libertad al llegar la noche. Durante el día, la formación, la búsqueda de empleo, los talleres les ayudan  a perseguir sus sueños.

Terminamos de cenar y llega momento sofá y un poco de tele. Ya queda menos para el 8 de marzo. Yo también estoy un poco más cerca.

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